lo que yo leo

Un blog sin pretensiones, sobre reseñas literarias para leer en 10 minutos; contiene comentarios sobre libros, recomendaciones, divagaciones y toda clase de digestiones literarias que un lector compulsivo ha aderezado a su gusto. Por supuesto, abierto a colaboraciones y opiniones. Casi es obligatorio equivocarse aunque, evidentemente, yo soy yo y tú, eres tú, por supuesto; pero ni yo soy tú ni tú eres yo, por lo tanto, todo lo que escribas es tu responsabilidad: cada uno es dueño de sus palabras y de sus silencios, sin embargo, tu libertad no te permite escribir nada ilegal o degradante para otros como tú y como yo. Es por eso que, al menos ese SILENCIO sí impera en este blog.


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“drácula” de bram stoker: la conjunción del mito y el miedo, un clásico que no muere (en más de un sentido).


“¡No necesitamos pruebas, no necesitamos que nadie nos crea! “B.S

Drácula, meramente su nombre evoca connotaciones culturales fuertemente arraigadas en nuestra sociedad. Drácula, el no-muerto, el vampiro, la esencia del mal, la personificación del terror y del miedo. Aunque data de finales del siglo XIX, a lo largo del siglo XX y ahora en pleno siglo XXI ha mantenido su vigencia y actualidad, inherente a su condición de clásico del género de terror  y de la literatura en general, siendo objeto de múltiples análisis e interpretaciones tanto desde el ámbito de la política, la economía, la filosofía o la historia.

Pero no nos engañemos, si algo queda del mito del vampiro, el icono del terror sobrenatural, la encarnación del mal que perturba la quietud de nuestros sueños, no se lo debemos a un personaje literario sino su sosías cinematográfico. Al igual que Bram Stoker se documentó con la figura de Vlad Tepes y dio forma a un vago trasunto literario,   su novela fue igualmente adoptada por el cine y reinterpretada hasta la distorsión; la figura que dio forma la palabra escrita ha sido consagrada por la imagen cinematográfica que es la que finalmente ha consagrado el prototipo sobre el que se construye el mito; la imagen que todos tenemos formada sobre Drácula se la debemos al canon fijado por el cine no a la novela.

Desde época temprana la obra literaria ha servido de inspiración para la creación de obras de maestras del cine como Nosferatu (Murnau, 1922) o Drácula (1931, de Tod Brownning con Bela Lugosi), o Drácula (1958) de Terence Fisher (con Christopher Lee como Drácula y Peter Cushing como Van Helsing) y, la última gran adaptación, Drácula de Bram Stoker, de Francis Ford Coppola, de 1992 (con Gary Oldman y Anthony Hopskins). Cada una aporta su propia versión de la novela, más o menos infiel, junto con otras doscientas adaptaciones tanto cinematográficas como televisivas que han conseguido configurar nuestros prejuicios sobre la novela hasta el punto de suplantar al original y convertirla en una obra totalmente desconocida, pese a tener íntimamente la percepción de conocerla o de haberla leído. Esto mismo ha pasado con otros clásicos de la literatura como “Frankenstein, o el moderno Prometeo” de Mary Shelley, “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll o, el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes que encabezan hoy en día el grupo de los desconocidos más populares de la literatura.

Su argumento, básicamente, trata sobre la existencia de un ser maléfico e infernal, el conde Drácula, que habita un lúgubre castillo en Los Cárpatos, y que esta dotado del poder de la inmortalidad que le confiere la sangre de sus victimas humanas. Habiendo sembrado el terror durante cientos de años entre las gentes terriblemente atrasadas y supersticiosas de su Transilvania natal decide cambiar su residencia al Londres victoriano en búsqueda del anonimato y la prosperidad que le ofrece la populosa ciudad, metrópoli de su tiempo. El azar o la  predestinación le liga al joven pasante de abogado Jonathan Harker, quien acude a su castillo para gestionar la venta de unas propiedades en Londres y que permanece cautivo en el mismo hasta que consigue escapar. En su estancia en Inglaterra, el conde vampiriza a la joven Lucy Westenra, íntima amiga de la prometida de Jonathan Harker, Mina Murray y ésta, junto con los tres pretendientes de Lucy, el americano Quincey Morris, Lord Arthur Holmwood, quien finalmente desposará con ella y el Dr. Jon Seward, amigo a su vez de un excéntrico y carismático científico holandes, el Dr. Van Helsing, descubriendo la terrible naturaleza del conde y sus planes demoníacos, iniciarán una persecución del vampiro que les llevará al mismo lugar donde empezó todo, en el Castillo del paso del Borgo sito en los Cárpatos.

A nivel formal destaca su estructura como relato epistolar, compuesto por la superposición de las cartas y diarios de los distintos personajes, ordenadas más o menos cronológicamente, los cuales van narrando en primera persona su impresión de los hechos y que, dentro de la trama argumental, son transcritos en forma de relato único a modo de dossier o informe, incorporando al mismo recortes periodísticos, telegramas, notas, etc. El autor, en una nota introductoria, acude a la ficción del “manuscrito encontrado” tan grata a nosotros como por ejemplo la recopilación que efectúa Cervantes de la traducción de “El Quijote” realizada por el sabio Cide Hamete Benengeli, con el fin de dotar a la novela de un aire de verosimilitud, comentando su relación de amistad con los protagonistas.

Con este fin también emplea una serie de técnicas como son  las rigurosas alusiones a datos geográficos o históricos, la contemporaneidad del tiempo novelado y el tiempo del autor, etc, consiguiendo que el efecto de conjunto, sin alejarse del relato novelado, participe, de un modo ecléctico y a veces contradictorio, del artículo periodístico, el ensayo etnográfico y el relato costumbrista.

En efecto, Bram Stoker documentó la novela de una manera extraordinaria, tardando hasta siete años en su confección final, cuidando la precisión geográfica de sus localizaciones, o los datos históricos referenciales, así como la recopilación de las supersticiones del folcklore rumano.

Igualmente, con dicho objetivo, desarrolla la novela en un tiempo contemporáneo al autor y son continuas las referencias de  Bram Stoker a las innovaciones y adelantos científicos y técnicos del momento como fueron la máquina de escribir portátil, el fonógrafo, el gramófono, la lancha a vapor o las técnicas de transfusión de sangre o el hipnotismo, así como también constantes alusiones a las ideas o corrientes filosóficas candentes en aquel momento y por ello muy novedosas como por ejemplo la antropología criminal de Lombroso.

La valoración global de la novela es muy favorable pues su lectura es amena y, pese a contar con el hándicap de su popularidad, mantiene la intriga y el interés hasta el último momento con una mezcla de folletín decimonónico, novela de intriga y cuento de terror gótico.

Su vigencia en la actualidad, como obra clásica de la literatura, dentro y fuera del género de terror, se pone en evidencia por la multitud de obras que han recibido su influencia directa. Pero no radica quizás tanto en su carácter innovador, puesto que existen antecedentes de novelas “de vampiros” como por ejemplo “Carmilla” de Sheridan Le Fanu, o la obra de Polidori “el Vampiro” sino porque Drácula es una novela sobre la dualidad y el antagonismo: las supersticiones centenarias frente a la racionalidad moderna; la enfermedad y la muerte frente a la vida; la sumisión frente a la libertad; las sombras frente a la luz; y en suma, la eterna lucha de Bien contra el Mal en la que el ser humano, hombre o mujer, dejando de ser un mero instrumento, rompe el equilibrio auxiliado por su libre albedrío.

Abraham “Bram” Stoker, nació en Clontarf, Irlanda, en el año 1847 y falleció en Londres, Inglaterra, en 1912, a la edad de 64 años. Pese a su graduación en matemáticas, con matrícula de honor, se dedicó a la abogacía, al periodismo, a la crítica literaria. Su obra más famosa, Drácula, verdaderamente anuló y eclipsó a las demás. Dentro del género de literatura de terror escribió “La joya de las siete estrellas“, “La madriguera del gusano blanco“.

Vlad III (nacido como Vlad Drăculea; Sighișoara, noviembre de 1431 – Bucarest, diciembre de 1476), más conocido como Vlad el Empalador (en rumano: Vlad Țepeș), fue Príncipe de Valaquia (hoy el sur de Rumania) entre 1456 y 1462. Fue un gran luchador en contra del expansionismo otomano que amenazaba a su país y al resto de Europa, y también era famoso por su manera de castigar a los enemigos y traidores. Vlad era ortodoxo, aunque con posterioridad se convirtió al catolicismo.

  • Título: Drácula
  • Autor: Bram Stoker
  • Páginas: 681 (con introducción, apéndices y notas)
  • Editorial: Valdemar 2005
  • Colección: Gótica nº 59
  • Traducción, Prólogo y Notas: Oscar Palmer Yañez
  • ISBN: 84-7702-512-6