lo que yo leo

Un blog sin pretensiones, sobre reseñas literarias para leer en 10 minutos; contiene comentarios sobre libros, recomendaciones, divagaciones y toda clase de digestiones literarias que un lector compulsivo ha aderezado a su gusto. Por supuesto, abierto a colaboraciones y opiniones. Casi es obligatorio equivocarse aunque, evidentemente, yo soy yo y tú, eres tú, por supuesto; pero ni yo soy tú ni tú eres yo, por lo tanto, todo lo que escribas es tu responsabilidad: cada uno es dueño de sus palabras y de sus silencios, sin embargo, tu libertad no te permite escribir nada ilegal o degradante para otros como tú y como yo. Es por eso que, al menos ese SILENCIO sí impera en este blog.


Deja un comentario

“canción de navidad” de charles dickens. el juego de los errores.


The mention of Marley’s funeral brings me back to the point I started from. There is no doubt that Marley was dead. This must be distinctly understood, or nothing wonderful can come of the story I am going to relate.  C.D

“La mención sobre el funeral de Marley nos devuelve al punto en el que empezamos. No hay duda que Marley murió. Esto debe entenderse claramente o nada extraordinario puede derivar de la historia que estoy a punto de relatar”. (la traducción, “on may way”, es mía, sorry!)

Dickens es uno de los más grandes escritores de la historia de la literatura. A pesar de que suele considerarse a Shakespeare como el autor clásico, por excelencia, de la lengua inglesa, Dickens tiene un estilo narrativo más cercano a nuestro tiempo, a nuestro gusto y sensibilidad, y por ello somos capaces de asimilar su obra con mucho más disfrute y satisfacción.

Su prosa es clara, sin construcciones largas y enrevesadas, con un lenguaje llano y asequible, lejos de la fastuosidad del citado Shakespeare. También cuenta con una extraordinaria capacidad para la descripción de ambientes y personajes mediante certeras pinceladas e imágenes visuales;  más que mediante la penetración psicológica, basada en los sentimientos y motivaciones, sus personajes están perfectamente construidos y diferenciados. Es evidente su esfuerzo para llegar a todo tipo de lector, sin merma de su calidad literaria, y en especial para ese lector popular de escasos recursos económicos y, quizás, escasa formación intelectual, como el propio autor, que vivió su infancia acuciado por los problemas económicos de su familia, tuvo que trabajar desde los 12 años y su educación fue eminentemente autodidacta.

De entre toda su producción, destaca “Canción de Navidad”, como otro de esos clásicos de la literatura que, pese a ser tan profusamente versionada, adaptada y mutilada, o precisamente por ello, existe sobre ella mucha confusión y juicios preconcebidos que la convierten en una gran desconocida como ya hemos apuntado anteriormente respecto de “Frankenstein” o “Alicia en el País de las Maravillas”.

La gran profusión de versiones de esta obra, cinematográficas, televisivas, incluso en cómic y representaciones gráficas, etc., -incluso existe Barbie en Navidad, o algo así- nos han dejado una imagen estereotipada y algo distorsionada respecto de la obra original, con el agravante de que, además, la generalidad de las personas no solamente no son conscientes de esta suplantación sino que parecen estar íntimamente convencidos de que la conocen perfectamente sin necesidad de haberla leído.  

A mi juicio, creo que se cometen tres errores en la consideración de “Un Cuanto de Navidad”.  El primero, es catalogarla como una obra de literatura infantil cuando no lo es o, al menos, no lo es exclusivamente.

Como toda obra literaria, “Canción de Navidad” está sujeta a muchas lecturas. Aunque a nivel argumental la trama se desarrolla en la época de Navidad, no solamente es un cuento navideño, con un trasfondo religioso y una lección moral al final, sino que, creo yo, la intención del autor se dirigía a un público adulto, con voluntad de divertir pero también de denunciar la realidad social de aquella época, no mediante una crítica abierta sino, veladamente, muy del estilo de Dickens y de los modos victorianos en que se veía inmerso, mediante la exposición pública y puesta de manifiesto de dicha realidad. Lo que nos lleva al segundo error.

También creo que se deja de lado la gran carga de crítica social que contiene este relato. A lo largo de la obra se suceden los comentarios y situaciones en las que se alude expresamente a la situación de desamparo de los niños menores de edad, al desarraigo de las personas pobres en la Inglaterra contemporánea al autor, a la insuficiencia de las instituciones públicas y la explotación laboral. Con gran humor e ironía, Dickens interpela al propio lector en la persona de Scrooge, y le exige que tome partido frente a esos hechos: sus lectores menos pudientes se verían reconfortados, sus lectores con mayores posibilidades económicas se verían conmovidos.

Estos temas como la explotación laboral o el trabajo infantil son una constante en la obra de Dickens y muchas veces se pasan de largo en esta obra como mera anécdota divertida, una hábil excusa para mostrarnos al personaje histriónico y caricaturesco de Scrooge, cuando la intención de Dickens es revelar la circunstancia que a él mismo le tocó vivir: trabajó durante diez horas diarias a los doce años en una fábrica de betún y convivir con su padre y su familia en la prisión de donde este sufría condena por deudas. Así lo expresa literalmente, en la dedicatoria inicial: “Con este fantasmal librito he procurado despertar al espíritu de una idea sin que provocara en mis lectores malestar consigo mismos, con los otros, con la temporada ni conmigo. Ojalá encante sus hogares y nadie sienta deseos de verle desaparecer”

Finalmente, otro error que cometemos respecto de esta obra es la banalización del elemento sobrenatural. Hoy en día, las historias de fantasmas son de lo más habitual y tendemos a considerar que los aparecidos y fantasmas de la obra de Dickens no son más que un recurso estilístico, cuando lo cierto es que, su función es la de hacernos llegar una advertencia, una admonición de una entidad superior y, por lo tanto con una fuerza moral igualmente superior. Por un lado, el autor pretende aterrorizar y por el otro aleccionar. Esto es muy característico de otras obras coetáneas del romanticismo español como por ejemplo la figura del comendador Don Gonzalo en “Don Juan Tenorio” de Zorrilla.

Ahora que ha pasado la época navideña es una buena excusa releer Canción de Navidad con cierta dosis de nostalgia de las vacaciones pasadas. Un excelente relato… ¡que acaba bién¡. Un saludo.  

SINOPSIS: La víspera de Navidad, el viejo avaro Ebenezer Scrooge recibe la visita del fantasma de su antiguo socio Jacob Marley, el cual le comunica que por sus errores pasados lleva una existencia como fantasma, sin paz ni sosiego, cargado con las cadenas forjadas por su propia avaricia en vida. Le anuncia igualmente la visita de otros tres fantasmas y le conmina a hacerles caso y corregir su comportamiento si no quiere acabar como él. Esa Nochebuena visitan a Scrooge,  el Fantasma de las Navidades Pasadas, que le presenta escenas del pasado, de su infancia y juventud. Ahí el viejo avaro empieza a conmoverse. El Fantasma de las Presentes Navidades le presenta escenas de las Navidad actual – para el personaje-. Ahí descubre la miseria en que vive su empleado y la mezquindad de su comportamiento hacia él. El Fantasma de las Navidades Futuras es en realidad la Muerte que le señala su previsible futuro y el futuro del pequeño Tim, el hijo tullido de su empleado, quien apenas puede hacer frente a las necesidades familiares con el mísero sueldo que le paga. Al final de la visita de los espíritus, ya en el día de Navidad, Scrooge se reconcilia con su propia familia, se empapa de fervor navideño y socorre a su empleado y enmienda su pasado. Final Feliz

Charles John Huffam Dickens (Portsmouth, Reino Unido, 1812-Gad’s Hill, 1870) Escritor británico. Aunque proveniente de una familia de clase media, su infancia transcurrió principalmente en la ciudad de Londres, en uno de los barrios más míseros de la ciudad, padeciendo la penuria económica a que le llevó la mala fortuna de su padre, encarcelado por deudas. Llegó a trabajar a la edad de 12 años en una fábrica de betunes. Su formación fue autodidacta y alcanzó a empelarse como pasante d eabogado y taquígrafo judicial. Empezó a escribir crónicas de tribunales para acceder, más tarde, a un puesto de periodista parlamentario y, finalmente, bajo el seudónimo de Boz, publicó una serie de artículos inspirados en la vida cotidiana de Londres (Esbozos por Boz).

La mayor parte de su producción literaria fue difundida por entregas: Los papeles póstumos del Club Pickwick,  Oliver Twist,  Nicholas Nickleby. Sus novelas recogen en cierta medida sus experiencias biográficas, como David Copperfield, la Casa desolada  y La pequeña Dorrit.

  • Editorial: Alianza. Madrid. 2011.
  • 21 cm. 153 p. 
  • Traductor, Santiago R. Santerbás.
  • ISBN: 978-84-206-6307-4
Anuncios


Deja un comentario

“un mundo de ayer. memorias de un europeo”, de stefan zweig: una época que fué, una luz que se apaga.


“En la lengua que había escrito y en la tierra en que mis libros se habían granjeado la amistad de millones de lectores, mi obra literaria fue reducida a cenizas. De manera que ahora soy un ser de ninguna parte, forastero en todas; huésped, en el mejor de los casos. También he perdido a mi patria propiamente dicha, la que había elegido mi corazón, Europa, a partir del momento en que ésta se ha suicidado desgarrándose en dos guerras fratricidas.” S.Z.

El 21 de Febrero de 1941 el escritor austriaco, Stefan Zweig, escribió sus últimas palabras: “Ojalá puedan ver el  amanecer después de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy antes de aquí”. Y verdaderamente eran las últimas, por cuanto que días después fue encontrado muerto, junto con su segunda esposa, Lotte, víctima de un último acto de desesperación, su suicidio.

Su impaciencia le llevó a tomar una drástica decisión. Su impaciencia y su pesimismo ante el avance irrefrenable del ejército alemán, que amenazaba con instaurar en Europa un “Reich de mil años” y así hacer desaparecer todo vestigio de una cultura europea, optimista, tolerante, diversa y activa, que moldeó su persona y su carácter, que tanto le dio al escritor vienes y a la que supo corresponder con la totalidad de su obra.

Esta autobiografía, es más bien una biografía intelectual por cuanto que relata la trayectoria pública del escritor, sus años de formación, sus relaciones con artistas e intelectuales: músicos, poetas, novelistas y dramaturgos, eludiendo toda mención a sus relaciones privadas y personales, su familia, su vida y sentimientos íntimos. Es a la vez una disección sociológica de la sociedad europea anterior a la I Guerra Mundial y del periodo de entreguerras, la época de esplendor y decadencia del Imperio Austro-Hungaro.

Testigo de un mundo que ya fue y no será ya jamás, legó a la posteridad este libro triste y nostálgico. Su título, “un mundo de ayer” es bastante significativo respecto del tono general de la obra, el repaso a una vida, el repaso a un mundo pasado, el relato de “los años irrecuperables” de “nuestra generación”, -que esos fueron los títulos inicialmente pensados por Zweig junto con “Europa fue mi vida”-.

El subtítulo, “memorias de un europeo” refleja el sentimiento de pertenencia de Zweig a una cultura supranacional más que a una patria o nación concreta. El desarraigo que le otorgaba su ascendencia judía fue accidental, como él mismo relata; pero su voluntad cosmopolita y paneuropea fue consciente, al igual que la férrea defensa de su individualidad en un mundo obligado a tomar partido entre los dos grandes imperios en guerra. Stefan Zweig se niega a sumarse a la euforia belicista y opta por el exilio y la beligerancia a favor de la paz, a favor del sentimiento nacional europeo, a favor de la universalidad de la cultura.

Tres cosas destacarían en esta obra. En primer lugar, el permanente sentimiento de desolación que rezuma al relatar sus vivencias en contraste con la expresión declarada de optimismo vital que parecía animar su actividad intelectual. Igualmente destaca su privilegiada situación personal lo material –hijo de una acomodada familia judía que le concedió total libertad para orientar su formación de un modo autodidacta y que le posibilitó viajar por todo el mundo sin apenas sufrir estrecheces económicas. Por último, especialmente, es de interés su contacto, a veces de íntima amistad, con las grandes personalidades intelectuales y culturales de su época: Rilke, Verhaeren, Rolland, Rodin, Bazalgette, Strauss, Pirandello, Freud, Bernard Shaw, H.G. Wells, Einstein, Thomas Mann, Joseph Roth, James Joyce, Proust, e incluso Dalí, sobre las cuales desgrana anécdotas y comentarios de sus encuentros, junto con esa aguda capacidad  de penetrar en los caracteres y ofrecernos un bosquejo psicológico de cada uno de ellos.

Creo que es una obra esencial en cuanto a su calidad y amenidad de su relato. Y también respecto de su carácter ejemplarizante y descriptivo, al retratar certeramente un mundo que pudo ser nuestra herencia pero que el desastre de ambas guerras mundiales desbarató y nos hurtó para siempre. Ese mundo en transición entre la época del esplendor, optimismo y seguridad del finales del siglo XIX y nuestro mundo individualista, fragmentado y huérfano de valores universales.

Un saludo. 

 

Stefan Zweig, escritor austriaco, biógrafo, dramaturgo, traductor y novelista nacido en Viena en 1881 y fallecido en Petrópolis, Brasil, el  22 de febrero de 1942. De una familia acomodada, eligió una formación autodidacta y cosmopolita, visitando Europa (Berlín, Paris, Londres,) América (New York, Boston, Filadelfia, Baltimore) y Africa e India.

Durante la I Guerra Mundial destacó por su postura antibelicistas y su negativa a condenar a cualquiera de los dos bando enfrentados. Durante los prolegómenos de la II Guerra Mundial inició un largo exilio del que nunca regresaría.

Su obra se caracteriza por una gran profundidad psicológica de los personajes, tanto en novelas como obras teatrales o biografías, animadas por un espíritu de tolerancia y defensa de la libertad individual frente a la imposición ideológica o restricción cultural nacionalista.

Bibliografía escogida

Teatro: Thersite, 1907; Jeremias, 1916. Ficción: Carta de una desconocida, 1927; Veinticuatro horas en la vida de una mujer, 1929; Novela de ajedrez, 1941. Biografías: Fouché, el genio tenebroso, 1929; Americo Vespucio. La historia de un error histórico, 1931; María Antonieta, 1932; María Estuardo, 1934; Erasmo de Rotterdam, 1934; Tres Maestros: Balzac, Dickens, Dostoievski.; Castellio contra Calvino, Conciencia contra Violencia. Autobiografía: El mundo de ayer, publicado tras su muerte.

SINOPSIS EDITORIAL: El mundo de ayer es uno de los más conmovedores y atractivos testimonios de nuestro pasado reciente, escrito además con mano maestra por un europeo empapado de civilización y nostalgia por un mundo, el suyo, que se iba desintegrando a pasos agigantados. Escritor extraordinariamente popular y testigo de excepción de los cambios que convulsionaron la Europa del siglo XX entre las dos guerras mundiales, Zweig recuerda, desposeído y en tierra extraña, en unas circunstancias personales de insospechado dramatismo, los momentos fundamentales de su vida, paralela en mucho a la desmembración de aquella Europa central que se quería más libre y segura, al abrigo de la locura y la tormenta. El resultado es un libro capital, uno de los mejores de Zweig y referencia inexcusable para entender los desvaríos de un siglo devastador.

 Portada El mundo de ayer

  • Colección: El Acantilado, 44
  • Traducción: J. Fontcuberta  y A. Orzeszek
  • ISBN: 978-84-95359-49-0
  • Nº de edición: 20ª
  • Formato: 13×21 cm
  • Páginas: 552