lo que yo leo

Un blog sin pretensiones, sobre reseñas literarias para leer en 10 minutos; contiene comentarios sobre libros, recomendaciones, divagaciones y toda clase de digestiones literarias que un lector compulsivo ha aderezado a su gusto. Por supuesto, abierto a colaboraciones y opiniones. Casi es obligatorio equivocarse aunque, evidentemente, yo soy yo y tú, eres tú, por supuesto; pero ni yo soy tú ni tú eres yo, por lo tanto, todo lo que escribas es tu responsabilidad: cada uno es dueño de sus palabras y de sus silencios, sin embargo, tu libertad no te permite escribir nada ilegal o degradante para otros como tú y como yo. Es por eso que, al menos ese SILENCIO sí impera en este blog.


2 comentarios

“los amigos de eddie coyle” de george v. higgins, crónica de una muerte anunciada.


“Quiero decir que, en fin, hay cosas en las que puedes hacer algo y hay cosas en la que no puedes hacer nada. Si ves la diferencia, mientras la veas, juegas con ventaja” G.V.H

Ya, seguro que no, que no tiene nada que ver y estoy delirando (una vez más) ¿Acaso puede una novela de género negro americano de los años 70 estructurarse como una tragedia griega? Porque así lo veo yo: un estilización extrema del formato trágico, una obra maestra de absoluta pureza y simplicidad, una historia que no tiene principio aunque sí tiene final, que no empieza sino que nos la encontramos de repente, como si pasáramos por ahí  y casi sin pretenderlo escucháramos una conversación en la mesa de al lado, y ya no pudiéramos alejarnos de ella.

Porque esta extraordinaria técnica narrativa de George V. Higgins prescinde absolutamente de todo aditamento absurdo en la narración, no hay un prólogo (sí lo hay, pero es una presentación de Denis Lehane sobre la novela), no hay un contexto, una exposición de la trama previa, un hilo conductor al que agarrarnos y poder seguir el sendero de los acontecimientos; únicamente el diálogo y las reflexiones compartidas de los personajes, y una historia que va discurriendo hasta su previsible final.

Y a pesar de ello, a pesar de haberla despojado de sus ropajes formales, el relato cumple a la perfección el objetivo aleccionador de toda tragedia griega, llevarnos a la catarsis final a través del ejemplo moral del protagonista.

Como un único actor griego que recorre el escenario cantando su papel, sordo a las advertencias del coro, ajeno al destino que ya le ha sido asignado,  Eddie Coyle nos va mostrando su camino y el resto de los personajes nos van cantando igualmente los mensajes sobre su destino irremisible que el propio protagonista no puede escuchar ni interpretar.

Es curioso que en esta novela el autor quizás hubiera podido prescindir del protagonista pues todos los demás personajes, sus “amigos”, hablan de él y van dibujando su final sin que el interesado tenga realmente opción alguna para cambiarlo, de haberlo conocido.

La historia también es una obra maestra de simplicidad y sutileza. Es la historia de una caída, la historia de un personaje anodino y gris, en lenta decadencia personal, (el cual fue magistralmente interpretado por Robert Mitchum en la versión cinematográfica dirigida por Robert Yeats tituladael confidente1973). Eddie Coyle es delincuente menor, con cuarenta y tantos años, atado a un matrimonio rutinario, con las típicas aspiraciones de un ciudadano medio, pero con un gran peso que amenaza su estabilidad. Un percance con un contrabando de alcohol robado que le puede llevar a la cárcel. La posibilidad de influenciar favorablemente la acusación del fiscal le lleva a convertirse en un chivato ocasional de la policía sin saber que ya ha sido sentenciado, elegido como chivo expiatorio, un peón cuyo sacrificio beneficia muchos: todo tiene que cambiar para que todo siga igual.

Con el paso del tiempo, esta obra se ha convertido en un gran clásico y en una obra extraordinaria. La sencillez de su trama y la carencia de ropajes en desuso ha evitado su encasillamiento. Apenas tiene referencias al contexto histórico, no ofrece más que una estampa de un grupo de criminales y ciertos comentarios que reflejan una moral hoy políticamente incorrecta, pero que su atribución a unos personajes concretos no hace desmerecer el conjunto. Estamos tan acostumbrados a las novelas actuales del género negro que fascina comprobar que una historia tan simple ha sido llevada a término de un modo tan brillante, sin recurrir a tramas alambicadas y retorcidas o procedimientos criminales tan rebuscados como su resolución final. No hay sangre, no hay tecnología, no hay perfiles criminales ni forenses. Solamente sordidez humana y fatalidad, vamos, una tragedia griega moderna.

La cita final de la novela es de Lucano: “el crimen hace iguales a todos los contaminados por él” no hay más que decir.

Un saludo

George V. Higgins

George V. Higgins nació en Brockton (Massachusetts) en 1939-1999. Después de unos primeros años dedicados al periodismo, se graduó en Derecho y ejerció como fiscal y abogado. En 1970 publicó Los amigos de Eddie Coyle, que sería la primera de veintisiete novelas, y también la que le dio más fama y prestigio. En 1973 fue adaptada al cine por Peter Yates con Robert Mitchum en el papel de Eddie Coyle. Entre sus otras novelas destacan The Digger’s Game (1973), Mátalos suavemente (1974), La rata en llamas (1981) yThe Agent (1999). 

  • Título: Los amigos de Eddie Coyle
  • Autor: George V. Higgins
  • Editorial: Los libros del Asteroide
  • Año de edición: 2011
  • Año de publicación: 1970
  • Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté


2 comentarios

“música de callejon” de george pelecanos: bandas, marginalidad y delincuencia que marcan fronteras invisibles, otro país dentro de la ciudad.


“No era más que una forma de marcar territorio: somo enrollados y habrá paz si nos quedamos detras de nuestras fronteras imaginarias” G.P

Música de Callejón es una novela de apreciable calidad pese a contar con la desventaja de mostrarnos un escenario irreconocible, un ambiente desconocido, unos personajes arquetípicos fuera de nuestra órbita sociológica y una banda sonora inidentificable: porque el Washington D.C. que nos describe no es el de la capital del Imperio sino el de el  ecosistema de los barrio marginales donde impera el poder de los colores de las bandas, constituyéndo unas fronteras invisibles y su propio código de supervivencia y depredación; porque la delincuencia no solo consiste en el trapicheo de las drogas y las armas sino que presenta unos contornos difusos donde cada uno bordea la legalidad bien activamente bien pasivamente, asintiendo calladamente ante las infracciones cotidianas; porque la música que suena en el callejón no es nuestra música (al menos la mía, salvo el gran Bruce Springsteen) y no nos identificamos con ella; porque hasta las marcas de los vehículos las oímos por primera vez.

Pese a todo eso, la novela avanza a su propio ritmo, con la voz de fondo del narrador omnisciente que se alterna sin transición con la voz autónoma de cada personaje, sus pensamientos y reflexiones que se solapan con la acción que lentamente va encaminándose hacia la previsible tragedia final. Se destaca algunos pasajes en que el hilo conductor es la música que suena en la emisora local y que varios personajes simultáneamente incorporan a sus pensamientos mientras interactúan entre ellos.

George Pelecanos es un escritor. productor y guionista  estadounidense , nacido en Washington D.C. en 1957. Licenciado en la Universidad de Maryland. Especializado en la literatura del género policíaco muy alabado en su país natal y cuyas obras apenas están siendo traducidas al español: Sin retorno 2010; El jardinero nocturno 2009; Drama City 2008 (2000); Revolución en las calles 2005; Música de callejón 2004; Ojo por ojo 2003; Mejor que bien 2002 (fuente lecturalia.com). Quizas sea más conocido por la afamada serie televisiva “The Wire”.

La trama es insustancial porque no es necesaria ni importante para conferir el carácter de “telerealidad” a la novela: en medio de un procedimiento judicial con posible condena de pena de muerte para un cabecilla de las bandas de la ciudad, los subalternos se dividen en facciones que pretenden asumir el control total; en este contexto, el detective privado Strange y su compañero Quinn aceptan un encargo del hermano mayor de uno de los capos del güeto para encontrar a una antigua novia, a la que al final asesina y, a su vez, es asesinado por miembros de la banda rival. La novela acaba con una saturnal sangrienta en la que uno a uno van siendo eliminados los pandilleros y el compañero de Strange, en una subtrama paralela en busca de otra joven desaparecida.

En vez de asesinatos truculentos, tramas enrevesadas, afiladas disecciones psicológicas y desdichados lamentos acerca del poder limitador de la burocracia sobre la iniciativa e intuición del héroe de turno, la novela abunda en reflexiones sobre la pena de muerte, el poder de las bandas, la integración de los pandilleros en la sociedad, la polémica sobre la prohibición de las armas o su legalización y las argucias para sortearla así como los intereses creados en torno a este comercio alegal, la falta de permeabilidad entre negros y blancos . Recomendable.

Un saludo.

portada del libro

  • 01 ed. 2004
  • Ediciones B
  • Colección: LATRAMA
  • Traducción; Eduardo Iriarte Goñi
  • ISBN: 978-84-666-1796-3
  • EAN: 9788466617963
  • 336 páginas