lo que yo leo

Un blog sin pretensiones, sobre reseñas literarias para leer en 10 minutos; contiene comentarios sobre libros, recomendaciones, divagaciones y toda clase de digestiones literarias que un lector compulsivo ha aderezado a su gusto. Por supuesto, abierto a colaboraciones y opiniones. Casi es obligatorio equivocarse aunque, evidentemente, yo soy yo y tú, eres tú, por supuesto; pero ni yo soy tú ni tú eres yo, por lo tanto, todo lo que escribas es tu responsabilidad: cada uno es dueño de sus palabras y de sus silencios, sin embargo, tu libertad no te permite escribir nada ilegal o degradante para otros como tú y como yo. Es por eso que, al menos ese SILENCIO sí impera en este blog.

“el principito” de Antoine de Saint-Eupery: lo esencial es invisible a los ojos

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“Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo, sin embargo, una seria disculpa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra disculpa: esta persona mayor puede comprenderlo todo, incluso los libros escritos para niños. Y tengo, ademas, una tercera disculpa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Por lo tanto tiene una verdadera necesidad de consuelo. Mas si todas estas disculpas no fuesen suficientes, entonces quiero dedicar este libro al niño que fue en otro tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores primero fueron niños (pero pocas lo recuerdan) Por consiguiente, corrijo mi dedicatoria:
A Leon Werth, cuando era niño” A. de Saint-Exupery

Ni mucho menos un libro para niños, sino cómo dice el propio autor en la dedicatoria, un libro para todas aquellas personas que fueron niños o, al menos lo recuerdan, y para aquellas que buscan y quieren recuperar ese niño que fueron (aunque suene a tópico).

Leyendo El Principito uno se reconcilia con sentimientos de amor, amistad y esfuerzo personal. Con la excusa  de leer un delicioso cuento infantil sobre un pequeño príncipe que habita un lejano asteroide ocupado por una rosa solitaria y tres volcanes,  podemos ablandar nuestras resistencias y barreras “adultas” y abandonarnos, al menos durante su lectura, a los sentimientos puros, a los valores universales de todo niño “bueno”: la alegría y la tristeza pintada con los colores planos de la infancia, sin tonos extraños que van manchando nuestra madurez personal e intelectual. Con un poso de nostalgia, su lectura nos hace querer ser mejores personas y percatarnos del absurdo de nuestra conducta adulta y lo ciegos que estamos al ver sólo aquello que nuestros ojos nos muestran.

Su estilo es sencillo, aparentemente sencillo, susceptible de sesudas interpretaciones y profundas reflexiones a la vez que un relato lineal de corte infantil. Sin embargo éste libro, con la extrema sencillez de su lenguaje y vocabulario y las extraordinarias “postales” dibujadas por el propio autor se convierte en un instrumento pedagógico ideal para la enseñanza de los valores esenciales   a los más pequeños.

El tema lo resume el propio autor cuando nos dice que hubiera podido relatar su historia para la gente que comprende la vida con las siguientes palabras: “había una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grrande que él y que tenía necesidad de un amigo”.

Esta es la historia de un aviador (el propio autor) que en una aterrizaje forzoso en el desierto se le aparece un pequeño niño de unos 12 años, que le pide que le dibuje un cordero y éste, tras varios intentos fallidos, le dibuja uno dentro de una caja (solo vemos la caja), dejando al niño plenamente satisfecho. A raíz de este encuentro el aviador va fomentando una amistad que nunca querrá olvidar, motivo por el cual relata la historia del principito:

Habitante de un asteroide pequeño en el que vive una rosa solitaria y tres pequeños  volcanes uno de ellos apagado que le sirve de taburete y otro en el que calienta la comida. Triste y solitario, y demasiado joven para aprender a amar a una rosa indefensa cuyas espinosas palabras son su armadura, huye del planeta en busca de un amigo y recorre otros asteroides.

En uno de ellos vive un rey orgulloso con nadie a quien reinar; en otro un vanidoso; en otro un bebedor; en otro un hombre de negocios ocupado en cosas serias que no era útil para nadie; en otro un farolero; en otro un geografo, un hombre cargado de un saber acumulado, sin percepción real de objeto de su conocimiento.

Llega a la tierra y también descubre la soledad del desierto, la incomprensión del eco, la multiplicidad de las rosas iguales a su rosa que él creía única, la amistad con un zorro que le enseña qué es la mutua necesidad del otro, que los lazos creados entre dos seres implican responsabilidad mutua, que le enseña que las palabras son fuente de malentendidos, que el amor hace únicas a las personas y que lo esencial es invisible a los ojos y que solo se ve bien con el corazón.

El cuento acaba con el principito mordido por la serpiente cuyo veneno resuelve todos los problemas (y regresando sin su cuerpo al planeta de donde vino); y reglando al aviador su sonrisa y su recuerdo asociado a las estrellas.

Es un libro triste que uno lee con la avidez de convertirse en niño y olvidar por un momento las “grandes”  e “importantes ” tareas que nos hacen sentirnos mayores, grandes e importantes.

También Saint-Exupery acabó su propia historia elevándose en el aire sin que se sepa donde aterrizó por última vez. Quizás perdido en el Mediterraneo o quizás, cansado de que nadie le escribiera que había vuelto el principito, decidió ir a buscarle él, y alcanzó el asteroide, y conoció a la rosa y se dedica desde entonces a limpiar el pequeño planeta de las raices de baobab.

Antoine de Saint-Exupéry, escritor -y aviador- nació el 29 de Junio de 1900 en Lión (Francia), y murió el 31 de Julio de 1944 al mando de su avión, desapareciendo en el mar y convirtiéndose involuntariamente en misterio y leyenda, como el propio principito, al que mordió la serpiente.

Escribió otras obras como “Vuelo nocturno” o “Ciudadela” (inacabada) sin embargo ninguna alcanzó la extraordinaria calidad literaria y filosófica del principito.

Un saludo.

  • Título: El Principito.
  • Autor: Antoine de Saint-Exupéry.
  • Traducción: Bonifacio del Carril.
  • Editorial: Alianza-Emecé.
  • Lugar de edición: Madrid.
  • Fecha de edición: 1992. Primera edición 1943
  • ISBN: 84-206-3628-2
  • Páginas: 85.
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Autor: loqueyoleo

En un mundo mudo y lleno de ruido y furia, resuena el silencio de las palabras olvidadas entre las páginas de un libro: despierta, comparte y lee.

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